De la mano de la compañía aragonesa Teatro del Temple, llega al escenario del Principal de Palencia la obra clásica de Calderón de la Barca, La vida es sueño. Será esta una nueva adaptación de la compañía, centrada en dejar la esencia en verso de la obra original, pero suprimiendo algunas partes para dar ritmo a la obra y no dejar que pierda o decaiga su esencia dramática. Teatro del Temple lleva desde 2016 representando esta pieza por toda España, consiguiendo gran éxito con ella gracias a las adaptaciones no sustanciales pero sí interesantes que ha hecho en ella.

” La vida es sueño ” de Pedro Calderón de la Barca es un clásico español del siglo XVII con connotaciones modernas. El héroe de la obra, atrapado entre la realidad y la ilusión, es un hombre que engaña al destino, afirma su voluntad individual y aprende a controlar su propio destino. Al nacer, el Príncipe Segismundo fue encarcelado en una torre por su padre como una salvaguarda contra una predicción de parricidio; al hacerlo, sin embardo, el rey de hecho ha garantizado el desarrollo de la naturaleza violenta del hijo. Cuando Segismundo es liberado con el tiempo y se entera de su identidad, responde con venganza; pero gracias a eso, sin embargo, despierta su sentido de la decencia y la responsabilidad.

De todas las obras de Calderón, “La vida es un sueño” puede considerarse como la más universal en su tema. Busca enseñar una lección que se puede aprender de los filósofos y pensadores religiosos de muchas épocas: que el mundo de nuestros sentidos es una mera sombra, y que la única realidad se encuentra en lo invisible y eterno. La historia en la que se inspira es de origen oriental, y en la forma de la leyenda de “Barlaam y Josaphat” era familiar en todas las literaturas de la Edad Media.

Para este segundo trimestre del año, el Teatro Principal Palencia tiene programadas otras 16 obras, que se irán exhibiendo en fines de semana, con un horario acorde al público al que van dirigidas. Todo en espera de que llegue la temporada estival, todavía por confirmar su programación, pero que esperamos tenga el mismo éxito entre el público que en los dos trimestres anteriores.

Pareciera que en plena época de libertades de expresión y con carta blanca para realizar cualquier cosa en el mundo del arte, eso de representar obras teatrales con tintes eróticos o, por qué no, definitivamente sexuales, tendría que ser algo natural y tenido en cuenta a la hora de pensar nuevas tendencias que reavivaran el interés por el género; sin embargo, no parece que sea ni fácil ni aceptado por todos, incluidos todos aquellos que integran el mundo teatral, desde los simples tramoyistas (con el máximo respeto a su profesión) hasta el gran jurado: es decir, el público.

En el post anterior indicaba una obra de teatro rompedora que había llegado a Madrid, donde esperaba tener suficiente éxito antes de viajar a otras ciudades para su representación; la verdad, conocer su existencia me hizo tener fe en que quizá se pudieran abandonar los tabúes en este sentido, ver salir a escenas a tetonas desnudas, y dar a estos espectáculos otro sentido artístico, sin caer en ordinarieces de mal gusto pero sabiendo dar lo que quiere a un público sano que ya no se escandaliza al ver sobre el escenario escenas relacionadas con el sexo. ¿O aún no estamos tan avanzados como para eso?

No parece que haya muchas mentes que piensen en agregar la pornografía como un ingrediente más a nuestro teatro actual; y eso que en otros ámbitos, como la homosexualidad, no han tenido tantos problemas para hacerlo, y ya pueden verse dramatizaciones que tocan temas gays, e incluso alguna que otra donde se hablaba sobre las tortilleras e incluso se proyectaban videos lesbicos en una gran pantalla interior… todo para que el espectáculo, como debe ser, continuara. El erotismo parece haber llegado al teatro e instalado medianamente bien aunque con ciertos problemas, pero ¿el porno? Eso ya es harina de otro costal.

Sin embargo, muchas de los conflictos que se cuentan en las obras teatrales se producen justamente a causa de las relaciones humanas, y ¿qué relación entre humanos puede ser más cercana que el sexo? No creo que haya ninguna, y si consideramos que la pornografía sería un acicate para éste último, y que daría a entender lo que no puede ni debe mostrarse explícitamente, creo que debería estudiarse un poco cómo introducirlo en el teatro que, por otra parte, es uno de los pocos espectáculos artísticos que aún se realizan en vivo. Estamos acostumbrados por supuesto al cine y televisión, donde poco queda al azar y cualquier cosa que veamos seguro está preparado de antemano; pero en el escenario teatral todo es natural y directo, e incluso tras horas de ensayo para que todo salga perfecto, se puede asegurar que cada representación es diferente, siempre con un aire distinto a la anterior. De hecho, eso es algo que gusta bastante a los actores además de al público, y es la razón por que muchos de unos y otros eligen esta profesión antes que la cinematográfica.

En fin, está claro que a pesar de ser un género inteligente y con pocas taras, el teatro necesita un poco de renovación en esta época, donde otros medios proporcionan tantos estímulos. Si los espectáculos en vivo no son lo suficientemente atrayentes, es porque algo debe faltar en sus temáticas, representaciones, o puede que incluso en su publicidad. Contar con algo como el porno podría resultar polémico en un principio, pero quizá el público esté pidiendo algo así, y sólo habría que conseguir una manera de introducirlo de forma artística: eso sí es cierto, porque yo, para ver sexo puro y duro, no tengo más que abrir una web xxx en internet, y el show está servido.

Ya comenzada la temporada de danza en el Teatro Principal de Palencia, desde la semana pasada podemos disfrutar de la primera función, gracias al programa “Danza a Escena“, desarrollado por la Red Nacional de Teatros y el INAEM, que pretende llevar a todos los teatros españoles obras en donde la danza y la interpretación se aúnen y lleguen a un mayor público, tanto en número como en interesados.

Aún más que el teatro, la danza ha empezado a considerarse con el tiempo algo así como un entretenimiento elitista, no apto para cualquier público y cuya apreciación necesita de algunos conocimientos previos que no parecen estar al alcance de cualquiera. Estas apreciaciones han hecho que realmente, un género que comenzó justamente como parte del ocio de las clases populares, haya sido dejado de lado por éstas por resultarles demasiado esnob, o quizá demasiado complicado para entenderlo a priori. Ahora, se está haciendo un esfuerzo por volver a devolverle un enfoque más simple y, al final, más entretenido, de tal forma que resulte una forma de ocio para cualquiera interesado en disfrutar de ello.

La historia de la danza sigue de cerca el desarrollo de la especie humana. Desde los primeros tiempos de nuestra existencia, mucho antes de la creación de las primeras civilizaciones modernas, la danza servía como una forma de expresar el pensamiento y la emoción humanos. A medida que fueron trasncurriendo los milenios, la danza se modificó hasta el punto de ser un medio popular de expresión, salud, comunicación y competencia. La conexión entre la danza, la religión y los mitos está clara desde los albores de nuestra civilización hasta los tiempos modernos; el baile influyó en las ceremonias religiosas, se convirtió en un recurso narrativo al describir historias de dioses y mitos, o en algunos casos se convirtió en parte integral de algunas religiones.

La historia de la danza está llena de eventos interesantes que dieron forma a sus fundamentos, artistas que crearon nuevos estilos, períodos de tiempo en los que la danza y la música se pusieron a la vanguardia de las innovaciones, lo que permitió que se convirtiera en el pasatiempo social popular de la actualidad. Los diferentes estilos que se crearon se fueron adaptando a modas, ritmos musicales, bailes tradicionales e incluso, ya más adelante, bandas urbanas, llegando incluso a crearse danzas propias que servían como identificación de algunos grupos sociales.

Danza en Escena intenta acercar la danza a todos los públicos, realizando diferentes espectáculos de diferentes estilos. Nunca es una pérdida de tiempo acercarse y descubrir lo que el mundo de la danza nos puede ofrecer.

Puede parecer que eso de ir al teatro haya pasado de moda, pero eso es porque pensamos en que sólo puede verse una obra teatral en un edificio destinado a ello. Es cierto, reconozco que los grandes teatros están equipados con los elementos necesarios para disfrutar de esta clase de espectáculo, pero eso es ir al sentido más clásico y purista del asunto; la verdad es que hay muchas  ocasiones en nuestra vida diaria en que asistimos en vivo y en directo a situaciones que bien podrían llamarse teatrales, por estar dentro de la esfera cómica o dramática, según se mire. Además, también el género ha ido evolucionando para hacer que lo que vemos representado no nos parezca tan elitista ni ajeno, llegando a algunas obras realmente rompedoras, fusionando teatro clásico y pornografía. ¿Quién lo hubiera pensado hace unos años?

En realidad, parece que hemos perdido el sentido teatral, pero aunque no nos demos cuenta, todos representamos algún tipo de papel en nuestro día a día; ese fue el origen del género, plasmar en un escenario las vivencias, situaciones y sentimientos que la gente vivía a diario para que los demás los conocieran y, quién sabe, se sintieran identificados. Quizá en la actualidad, con los medios a nuestro alcance, eso nos parezca un poco anticuado, y realmente no parece que haya que asistir a una obra teatral para reconocer en otros lo que ya vivimos en carne propia; pero tampoco hay que olvidar la preparación que no sólo la representación, sino también los actores que trabajan en el medio, necesitan para que todo resulte bien, es un trabajo arduo y que no siempre está reconocido.

Nuestra vida está llena de todas esas situaciones que el teatro clásico quería representar en sus obras, e incluso las nuevas tendencias de ahora , aunque algunas de ellas quieran ser rompedoras y originales; no hay que quitarles mérito, por supuesto, pero en realidad el genero siempre ha sido una forma de plasmar las situaciones y experiencias vitales y, a veces, ofrecer una moraleja, y eso sigue siendo así. Cada obra de teatro es un esfuerzo no sólo para los que la ponen en escena: actores, directores, guionistas, decoradores… sino también también para el público, que no debe tomar ninguna decisión hasta verla en su totalidad. Eso no es algo a lo que estemos acostumbrados, el cine y la televisión, los otros dos grandes medios de visionado, nos tienen acostumbrados a otra cosa, pero realmente, el género teatral es para aquellos que sepan apreciarlos.

Y si de verdad pensáis que hay que meterse en una sala de teatro para ver una obra, aquí veréis cómo hay gente que se pasa la vida haciendo eso exactamente, un teatro:

El teatro es una de la manifestaciones artísticas más antiguas, junto con la escritura, la pintura y la música. Se supone que es una mezcla entre la expresión lírica y la danza, y que los pueblos antiguos lo usaban como una forma de expresión para rendir culto a divinidades responsables de todos los beneficios que llegaban a sus vidas: la lluvia, una buena cosecha, una abundante caza… Esta forma de alabanza a las deidades fue el comienzo de la tradición teatral, que todas las civilizaciones, de una u otra manera, tienen en común.

Fue en la Antigua Grecia, y después durante la dominación del Imperio Romano, cuando este arte comenzó a adquirir mayor relevancia. Pero ya antes, en Asia y en Egipto, se conocen manifestaciones teatrales, aunque menos elaboradas y más rudimentarias, de naturaleza ritual y en las que o se cantaba y declamaba, o se bailaba; era la forma de comunicarse con las divinidades y el mundo de los muertos, ambos objetos de veneración por estos pueblos. Ya desde esos inicios, el uso de las máscaras como la manifestación estética de las emociones quedó establecido, algo que perduró durante mucho tiempo como una tradición.

Grecia puso las bases de lo que conocemos como el teatro moderno, creando las diferentes modalidades de comedia, tragedia, drama y tragicomedia; también introdujo la figura del narrador, y la declamación como parte de la obra, separándola del canto y el baile, con la figura del recitador. Las primeras obras teatrales griegas se hicieron en honor a Dionisios, dios del vino y de las fiestas, y fue esa deidad la inspiradora de muchas de ellas; después, algunos autores se inspiraron en figuras mitológicas, o crearon sus propias historias para enseñar valores éticos y morales.

Roma siguió la tradición teatral griega, usando sus propios elementos, distinciones y valores, aunque hizo importantes modificaciones a los lugares donde se representaban, dejando para ellos de ser un arte ambulante, y considerándolo una parte importante de la cultura romana. Así, los teatros romanos son verdaderas obras maestras de la arquitectura, y sus técnicas de construcción son las que asentaron las bases de todos los teatros modernos del mundo que conocemos.

En Europa, tras haber sido prohibido por la Iglesia durante la Edad Media, volvió a resurgir durante el Renacimiento. Desde Italia, donde los grandes maestros volvieron a crear tragedias y comedias, se extendió por todo el continente, llegando a Inglaterra y España, que vivieron una verdadera explosión de este arte, con una gran cantidad de artistas que crearon sus mejores obras durante este período. Y en cuanto a los recintos donde se representaban estas obras, también hubo modificaciones, creándose las salas cubiertas, con más comodidades y más resistentes a los avatares atmosféricos.

A partir de la entrada del siglo XX, el teatro no ha experimentado grandes cambios: junto a la representación de obras clásicas, apareció el “teatro alternativo”, donde los temas actuales se mezclan con los ya clásicos del teatro, dando otro rumbo a las representaciones, y dando al público mucho más protagonismo que antaño.